Picos de Europa 2011

Ilusión, un poquito de miedo y nervios. Muchos nervios. El año pasado la experiencia de Asís había sido muy especial, y teníamos las expectativas un poco bajas para este año. Pero una vez más, nos equivocábamos.
En un campamento dirigido por piratas, un montón de grumetillos aguardaban a sus padres. Sonrisas, emoción y alguna que otra lagrimilla. Despedidas y comida, mucha comida. Intentar coger el ritmo del campa, y retomar confianza con gente a la que no habíamos visto en mucho tiempo. Descubrir que todo sigue igual, o incluso mejor. Mentalizarnos para lo que iba a venir, y darlo todo en la noche de terror, para descargar tensiones. Madrugar, y agradecer a los cocineros su ayuda y su BETI PREST, incluso a las siete de la mañana. Gracias otra vez.

Un viaje en bus perfecto para echar una siesta. Llegar al albergue, curiosear, y que los Azkarrak I nos pasen el relevo. Con nervios y un poco de miedo otra vez, despedirnos de la otra mitad y comenzar con nuestras aventuras. Un funicular que nunca ha estado tan lleno de mochilas nos sube a la altura a la que vamos a andar.

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Y a partir de ahí, días de sufrimiento, recompensa, alegría y superación. Sentirte satisfecho porque vales, porque lo has conseguido. Encontrarte y vivir de todo: el “vivack” con más gente en menos espacio que has visto nunca, una guerra de boñigas, un albergue que nos deja boquiabiertos con una ducha que nos reconforta, risas, paisajes que nos hacen disfrutar como niños, sacrifio y compañerismo, cabras, perros y vacas, comidas muy abundantes, historias de miedo, chistes, aguas termales y canciones, muchas canciones. Y en medio de todo eso, nosotros. Porque cada uno de nosotros aportó algo especial, y si uno de nosotros no hubiese estado, muchas cosas habrían sido diferentes.

Emoción al reencontrarnos con la otra mitad, y un albergue que nos acoge sin detenerse. Un día conjunto un poco caótico, que comienza con una rica tortilla de patatas. Vivencias que no paran de ser contadas por ambos grupos mientras nos damos un chapuzón en la piscina. Nervios de los que están por partir, consejos de última hora y ánimos, muchos ánimos. Tras una larga conversación nocturna en un ambiente agradable, confiando y tranquilo, una mañana que nos invita a cambiar el chip.

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Días de tranquilidad, relajación y reflexión por una parte y de juegos, música a todo volumen, bailes y canciones por otra. Una siesta al ritmo de la guitarra mientras nos tostamos al sol. Películas, una discoteca improvisada, juegos o conversaciones para las veladas. Y un día darte cuenta de que eso se acaba, de que ya está, mientras te comes un buen helado. Recoger todo y otra vez, despedidas, besos, emoción, consejos, promesas de verte pronto y esperanzas de que se repita algo así. Una experiencia que nos anima para el próximo año. Esperemos que sea tan bueno como este. O mejor.

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